martes, 9 de diciembre de 2014

Fiesta de la Inmaculada

En medio del ‪Adviento, de camino hacia la Navidad, la Iglesia nos presenta a María, en la FIESTA de la INMACULADA. Y a través de ella, nos llega la LUZ DE DIOS para la Humanidad.
 El Cardenal LAVIGERIE, fundador de los misioneros de África y de las misioneras de Nuestra Señora de África, nos regaló a María como madre, protectora y modelo de discípula misionera, estrella de la Evangelización para todos los pueblos.
 Como es tradicional en todas las partes del mundo donde hay misioneros de África y misioneras de nuestra Señora de África, el 8 diciembre, fiesta de la Inmaculada nos juntamos para celebrar a María y el regalo de la vocación misionera.
Este año en Madrid fuimos a la casa provincial de los Padres Blancos. Nos reunimos unos 30 misioneros/as, que hemos vivido en diferentes países de África: desde el Congo, Rwanda, Burundi, pasando por África del Este: Malawi, Tanzania, Uganda, Kenia, Mozambique, Zambia, subiendo hacia Etiopia, Chad, Burkina, Mali, Mauritania,Argelia, Túnez. Sin olvidar México, Filipinas, Roma, Francia, Bélgica y Polonia. Al contemplar la capilla llena de tanta Vida misionera, de tantas experiencias y de Amor por África, sentí un profundo agradecimiento por todo lo que Dios ha realizado y sigue realizando a través de nosotr@s, personas de carne y hueso, que con la fuerza del Espíritu Santo decimos SI a su PROYECTO DE AMOR, JUSTICIA, PAZ Y DIGNIDAD. Por el SI de María, Jesús entró al mundo y se abrió el camino de la Salvación. Hoy el Señor sigue necesitando nuestro SI para construir su Reino.

Empezamos con una Eucaristía, donde sentimos fuerte la comunión con los misioneros/as y la misión, donde África y los pueblos africanos siempre están en el centro de nuestra oración y ofrenda. Cantamos a María de la Esperanza, como dice el canto “para que mantenga el ritmo de nuestra espera”. Le pedimos que  aliente la LUZ de nuestra Fe para que contagiemos chispas de alegría y nos ayude a preparar nuestro corazón para acoger a Jesús que quiere renacer en nuestras comunidades y en nuestro mundo.           
De la misa pasamos a la mesa y en un ambiente cálido de fraternidad, compartimos amistad y merienda. Como guinda, un pastel de chocolate que con mucho amor preparó Carmen, rico, rico, rico…

Que María la Inmaculada, nuestra Señora de África, interceda para que muchos jóvenes se sientan llamados/as a coger el relevo y responder a la urgencia de la Misión en África y con los pueblos Africanos dispersos por el mundo.


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